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¿Pero, tú te amas?

—¿Pero tú me amas?— Preguntó Alicia.

—¡No, no te amo!— Respondió el Conejo Blanco.

Alicia arrugó la frente y comenzó a frotarse las manos, como hacía siempre cuando se sentía herida.

—¿Lo ves?— Dijo el Conejo Blanco.
Ahora te estarás preguntando qué te hace tan imperfecta, qué has hecho mal para que no consiga amarte al menos un poco.

Y es por eso mismo que no puedo amarte.

No siempre te amarán Alicia, habrá días en los cuales estarán cansados, enojados con la vida, con la cabeza en las nubes y te lastimarán.

Porque la gente es así, siempre acaba pisoteando los sentimientos de los demás, a veces por descuido, incomprensiones o conflictos con sí mismos.

Y si no te amas al menos un poco, si no creas una coraza de amor propio y felicidad alrededor de tu corazón, los débiles dardos de la gente se harán letales y te destruirán.

Extraído del libro “Alicia en el país de las maravillas”

Quererse a una misma es lo más importante, suena a tópico, a receta de psicología moderna, pero la base de todo amor. Sin amor a una misma, no puede haber otro amor. Quien no tiene amor propio, no puede recibir amor, no puede dar amor. Y cuando te das cuenta de esto, todo cambia.

Intentar querer sin quererse es cómo conducir una bicicleta que no tiene ruedas, no funciona, y siempre acaba mal. Por eso, aunque suene egoísta, es la actitud más altruista que se puede tener. Antes de querer a una pareja, a la familia, antes incluso que querer a las hijas e hijos, es imprescindible desarrollar la mejor versión de una misma, la versión querida.

Si una no es capaz de cuidarse, de calmarse, de abrazarse en los malos momentos, de perdonarse y acunarse en los mayores errores, de darse un respiro y secarse las lágrimas a besos… cómo va a poder hacerlo con los demás.

Y nunca nos enseñaron a querernos.

Quererse es cuidar nuestra parte física

Es dormir y descansar, aunque haya mil cosas por hacer, es comer sano y hacer deporte. Cuidar el cuerpo, es cuidar el templo en el que vivimos, es ir a darte un masaje cuando te duele todo, y meterte en la cama cuando ves que ya no puedes más, caiga quien caiga.

Quererse es cuidar nuestra parte emocional

Es perdonarse cuando metemos la pata hasta el fondo, y no machacarse hasta no poder más. Entender que somos imperfectas (afortunadamente), y que vamos a fallar, constantemente. Es tener compasión (comprender nuestro sufrimiento, no tenernos lástima) con una misma, cuando los golpes vienen de fuera, y no agrandar la herida con golpes que vengan de dentro. Es parar, PARAR, cuando el estrés y la ansiedad hace que nos quebremos, que nos duela el cuerpo, sosteniéndonos al caer, o dándonos la mano para levantarnos, como haríamos con nuestro ser más querido

Quererse es cuidar nuestra parte social

Es rodearse de gente que te enriquece, que te hace sentir bien y te saca una sonrisa, incluso en el peor de los días, y alejarse de quienes nos lastiman, por muy difícil que sea, o muy cruel que parezca. Es pedir ayuda cuando la necesitamos (sin temor a parecer débiles) y saber que tenemos el derecho a ser escuchadas y amadas.

Quererse es cuidar nuestra parte cognitiva

Es cuidar la salud mental, “enroscar” los tornillos cuando se aflojan, estudiar, leer, viajar, salir de la zona de confort, meditar, conectar con la naturaleza y poder disfrutar de silencio y paz mentar de vez en cuando.

Quererse no es fácil, nadie nos enseñó lo que significa, ni a hacerlo, pero además, anteponer una misma a los demás, en nuestra sociedad, conlleva un halo de injustificado egoísmo que hace que, especialmente las mujeres, con nuestro papel asignado de sufridoras, cuidadoras y sostén de los demás, tengamos la historia muy complicada.

Y aquí estamos para cambiarlo.

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