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Deshojando margaritas

La mejor forma de saber si el otro nos ama, es preguntarnos a nosotros mismos si en verdad le amamos.

Alejandro Jodorowsky

De pequeña, me dijeron lo complicado de saber si chico que me gustaba me quería o no.

Nadie me dijo que se lo podía preguntar, que, al menos, a mi hoy, me parece lo más sensato. Hubiera sido raro, y desde luego, hubiera conseguido espantarle.

Por supuesto, tampoco nadie les dijo a los chicos que nos podían decir abiertamente que nos querían, eso también hubiera sido raro, y hubieran conseguido espantarnos.

En definitiva, tan importante cuestión, ha quedado eternamente en una incógnita, y nosotras, las mujeres, esperando pacientemente, fumando en el caso de algunas, durmiendo en el caso de otras, siempre pasivamente, a que llegara nuestro amado, y en un alarde de valentía, nos sacara de de las tinieblas del sufrimiento y la soltería.

Si hoy en día planteas esta cuestión en internet afloran pitonisas, pitonisos, lectores y lectoras de tarot, test psicológicos, catálogos de 20 señales, 10 pruebas irrefutables, y diversos procedimientos…. Cuanto menos, inciertos. Hemos avanzado en muchas cosas, pero ahí sigue la eterna angustia por conocer si el amor es correspondido. Y es que no en vano,  se dice que el amor mueve el mundo, se encuentra en el top de nuestras motivaciones. 

¿Por qué las margaritas?

Ahí estaban

Las desafortunadas margaritas suman un 10% de todas las flores que existen a lo largo y ancho del mundo, y se extienden por prácticamente todas las zonas del planeta, así que el hecho de encontrarlas disponibles, parece que fue un factor determinante en la decisión de tomarlas como fieles consejeras. Prácticamente no hubo, ni hay mujer sobre la tierra que no tenga a su disposición una sabia margarita.

Las margaritas y la secuencia de Fibonacci

Por otro lado, las margaritas siguen la secuencia de Fibonacci, lamentablemente para ellas, y esto significa que no tienen nunca el mismo número de pétalos. Éstas siguen una secuencia muy particular, se suman de 2 en 2, a partir de 0 y 1: 0,1,1,2,3,5,8,13,21,34…. Es decir, primero el 0, luego, el 1, luego, el 1 más el cero, luego el 2 más el 1, luego el 3 más el 2…. Curiosamente, muchas estructuras del universo siguen esta secuencia: la proporción de los dedos de las manos, los brazos en espiral de las galaxias, las conchas de los caracoles, la flor del girasol….

Margarita = mujer

Además, y no por casualidad, las margaritas son el símbolo de la inocencia y la pureza, cualidades tradicionalmente asociadas a las mujeres. Esto hace que nos sintamos identificadas con esta flor. En este contexto, y con estos valores idealmente femeninos, cómo para preguntar a los chicos si nos querían estaba la cosa……

No son las primeras flores víctimas del amor. Por el contrario, en la cultura occidental, parece que el amor, el desamor y el anhelo las persigue, y “morir por amor” ha sido el final más habitual para estos desdichados seres vivos.

Es difícil determinar el origen de la costumbre de deshojar margaritas, pero parece que viene de antiguo: ya en la edad media, las mujeres cantaban «Este año sí, este año no, el próximo o nunca,» mientras arrancaban los pétalos de una margarita cuando querían saber cuándo iban a casarse.

¿Por qué preguntamos a una flor?

Bueno, si nos paramos a pensar en los valores que la sociedad ha asociado a las mujeres, ¿a quién preguntar en su lugar? Las margaritas estaban ahí, disponibles, son como nosotras, puras e inocentes, son discretas y no nos delatarán, y además son impredecibles, ¿qué mejor consejera?

A nadie se lo hubiera ocurrido hacer tan íntima pregunta al ser amado, porque nos enseñaron a ser discretas, a no llamar la atención, a no tomar las riendas en las cuestiones amorosas, a ser inocentes, puras…. Y por otro lado, ellos nunca nos lo hubieran dicho, porque les enseñaron a no hablar de amor, a esconder toda prueba de sensibilidad y conmiseración hacia el sufrimiento por amor que nos otorgaron a las mujeres. Ellos, prácticos y dueños de sus sentimientos, no sabían hablar de amor.

En definitiva, casarse, encontrar a alguien que nos “quiera”, no quedarnos “solteronas”……. a cualquier precio, aunque fuera la peor de las alternativas…. Ha sido el objetivo principal de las mujeres, al menos en nuestra cultura, desde que el mundo es mundo, dado el rol fundamentalmente reproductor y familiar que las sociedades tradiciones han asignado a la mujer.

¿Seguimos deshojando margaritas?

En la era del empoderamiento femenino, es cuanto menos sorprendente ver aún cómo, especialmente las jóvenes, preguntan a las margaritas, pero también cómo las madres, y en menor medida los padres, transmiten a sus hijas tan ancestral procedimiento para salir de dudas.

Aprendamos a querernos a nosotras mismas, y no necesitaremos preguntar a nadie para estar seguras. No hay mayor triunfo que ese. Enseñemos a nuestras hijas que no tienen que deshojar ninguna margarita, que no es tan importante que alguien nos quiera, como que ellas mismas se quieran y cuiden, que no tienen que cumplir el plan de nadie, solo el que ellas mismas se propongan, y que llegado el caso, vayan y le pregunten a los chicos, o a las chicas. Enseñemos a nuestros hijos, futuros hombres, que ellos también pueden preguntar, y que si una chica les pregunta si es correspondida, tienen delante una valiente, y qué hay mejor en el mundo que rodearse de valientes.

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