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5 cosas que tus ancestras no podían hacer, aunque fueran feministas

La igualdad es el alma de la libertad; de hecho, no existe libertad sin ella

Frances Wright

Hoy, vemos las calles llenas en las manifestaciones del 8 de marzo, hay un día Internacional de la Mujer, un Ministerio de Igualdad, y vemos compañeras, y muchas, sentadas en los escaños del congreso de los diputados y diputadas.

Muchas mujeres, en el pasado, lucharon por la libertad que hoy tenemos, y no hace falta retroceder muchos años para darnos cuentas de los cambios que ha habido en unas pocas décadas, tantos, que la libertad que hoy consideramos más que consolidada, no la podían disfrutar nuestras bisabuelas.

El derecho a votar

El 19 de noviembre de 1933 fue la primera vez que las mujeres pudieron votar en España, hace solo 87 años. Así que, no, nuestras bisabuelas, no podían elegir quién las representaba, no se tenía en cuenta su opinión, y pocas se aventuraban a darla. La política, era una cuestión eminentemente de hombres.

El derecho al divorcio

Probablemente nuestras bisabuelas, abuelas, y muchas de nuestras madres, ni siquiera barajaron la opción de no casarse. Las únicas opciones para librarse del control paterno era contraer matrimonio o meterse a monja.

Y ninguna de las dos opciones tenía una salida fácil, en caso de errar en la decisión. El matrimonio era para toda la vida, pasara lo que pasara. Excepto eso sí, que la mujer fue infiel, en cuyo caso, el marido sí tenía derecho a divorciarse. Pero ser divorciada y adúltera, tampoco era una opción atractiva. En definitiva, la muerte de unos de uno de una de las personas, era el principal motivo de disolución de la sagrada institución del matrimonio.

La primera ley del divorcio ve la luz en 1932, bajo el amparo de la II República, derogada posteriormente en 1939.

No fue hasta el 7 de julio de 1981 cuando entró en vigor la definitiva ley del divorcio….. ¡¡no hace ni 40 años!!

De entre los detractores del divorcio, salieron afirmaciones como «el matrimonio es una institución de sacrificio… una cruz inevitable, es un sacrificio que santifica». Por supuesto, el sacrificio de ambos miembros del matrimonio, era algo desigual.

El derecho a estudiar y trabajar

En 1910, una Real Orden determinó que mujeres y hombres pudieran acceder, en igualdad de condiciones a la enseñanza formal o no formal.

Antes de esta fecha, se podían matricular, pero tenían que pedir permiso, a cada uno de los profesores, quienes velaban por «la seguridad en las aulas», solo 36 consiguieron acabar sus estudios.

Por lo que es es bastante probable que, tu bisabuela no tuvieran la oportunidad de estudiar. Tampoco la mayoría de nuestras abuelas, ni muchas de nuestras madres.

El derecho a decidir sobre la propia vida

Hasta 1981 las mujeres debían pedir permiso a su marido para poder trabajar, cobrar un salario, ejercer el comercio, abrir cuentas corrientes en bancos, obtener un pasaporte, el carné de conducir… la mujer soltera se equiparaba a una menor de edad y no podían abandonar la casa sin el consentimiento paterno.

Hasta 1972, las mujeres menores de 25 años, no podían independizarse, a no ser que se casaran o se hicieran monjas. En caso de querer permanecer solteras, necesitaban una autorización de su padre.

El derecho a ser y estar

En 1975 dejó de existir la licencia marital, es decir, la autorización del marido para casi cualquier cosa que no fuera quedarse en casa: trabajar, viajar, abrir una cuenta bancaria, tener propiedades.

Hoy podemos estudiar, independizarnos, vivir y viajar solas, decidir o no tener hijos, tenerlos solas o acompañadas, casarnos o no, con un hombre o con una mujer, tener nuestra casa, nuestra independencia…… No se puede decir que no hayamos avanzado, precisamente, gracias a la lucha de las mujeres del pasado…. Pero aún queda mucho conseguir, y en nuestra mano está que nuestras hijas y nietas puedan ser presidentas del gobierno, volver a casa solas sin tener miedo o no sean juzgadas por su forma de vestir, ser y estar.

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